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El ombligo de Sevilla
Martes, 19 de Junio de 2007Hoy os traigo un artículo de Arturo Pérez-Reverte, extraído de CapitanAlatriste.com, en el que pone de vuelta y media a Sevilla. Verdades como puños que a muchos no gustarán pero si algo me gusta de la forma de escribir de este señor es que no se corta un pelo, caiga quien caiga. Y creo que de el texto se pueden sacar más cosas buenas que malas, no es precisamente el modelo de crítica constructiva pero podría considerarse como tal.
María José, la telefonista del hotel Colón, me va a echar una bronca, como suele, en plan: esta vez se ha pasado varios pueblos, don Arturo, de Dos Hermanas a Lebrija, o más lejos, a ver quién le manda a usted meterse con la Sevilla de mi alma. Pero uno debe ser consecuente; y la semana pasada, al socaire de Matanza cofrade y la parafernalia blasfemo-judicial que arrastra cual bata de cola, se me calentó la tecla y prometí hablar hoy de cultura sevillana. De manera que cumplo, arriesgándome a que me quiten los premios que en esa ciudad me dieron por la cara, a que el director de ABC –allí y en Madrid El Semanal sale con ese diario– se acuerde de mis muertos, a que los amigos dejen de mandarme aceite, y a que Enrique Becerra diga que el cordero con miel o la carrillada de ibérico me los va a poner la madre que me parió. Pero uno tiene derecho a hablar de lo que ama. Y el caso, como dije que diría, es que con la palabra cultura ocurre algo extraño. Cuando la pronuncian, cinco de cada diez sevillanos piensan en la Semana Santa o la Feria de Abril. A lo más que llegan algunos es al barroco de las iglesias. Mi compadre Juan Eslava cuenta lo del turista que va en carruaje por la Alameda, y cuando pasa ante una estatua y pregunta si se trata de un pintor, un escritor, un músico o un poeta, el orgulloso cochero responde: «Qué va, hombre. Es Manolo Caracol».
Pese a los esfuerzos, casi suicidas, de heroicos paladines locales por romper la burbuja en que esa ciudad vive ensimismada, el grueso de los esfuerzos culturales sevillanos pasa por el embudo de las cofradías locales, estructura social en torno a la que se ordena la vida pública. El resto es secundario, no interesa. Los museos languidecen, las exposiciones llegan con cuentagotas –y sólo si está Sevilla de por medio–, las librerías cierran, las bibliotecas no existen o se ignoran. Si se tratara de una ciudad donde imperase la modestia, uno creería que ésta se avergüenza de cuanto la hizo hermosa e inmortal. Pero no es modestia sino egoísmo autocomplaciente, indiferencia a cuanto no sea arreglarse el Jueves Santo para salir con la medalla de la cofradía al cuello, a pintarla en la Feria, a tomarse una manzanilla en Las Teresas o en Casa Román, mirando alrededor mientras se piensa, o se dice, que Sevilla es lo más grande del mundo, y qué desgracia la de quienes no nacieron sevillanos.
Siempre que viajo allí me pregunto lo que podría ser esa ciudad si dejara de mirarse en su espejo autista y se abriera al mundo con la cultura como reclamo y bandera. Hablo de la cultura de verdad, no de la caduca soplapollez de diseño que pretenden vendernos políticos y mangantes en busca de la foto y el telediario del día siguiente, o del folklore demagógico y sentimental con el que quienes manejan el cotarro pretenden –y lo consiguen desde hace siglos– llevarse al huerto a la ciudadanía. Hablo de la Sevilla que va más allá de los retablos barrocos en misa de doce, de los bares de tapas, de los pasos de Semana Santa, de la Feria de Abril y los carnets del Betis o del otro, de los apresurados rebaños de chusma guiri que el sevillano necesita tanto como desprecia. ¿Imaginan ustedes parte de la pasta invertida en cofradías y casetas de feria, empleada en hacer de esa ciudad un verdadero polo de atracción, no sólo del turismo, sino de la cultura internacional? ¿Calculan lo que supondría aprovechar el clima, el fascinante escenario, la abrumadora riqueza de palacios, atarazanas, lonjas e iglesias, para proyectar la ciudad hacia el exterior, celebrar conciertos de renombre internacional, organizar ferias y exposiciones que atrajeran a artistas, críticos y público culto de todo el mundo? ¿Imaginan una gestión cosmopolita, lúcida y eficaz, de tanto arte, arquitectura y belleza, con la extraordinaria marca registrada de Sevilla como argumento? Es desolador que una ciudad así no se haya convertido –la ocasión perdida de la Expo se esfumó con los mediocres y los catetos que la gestionaron– en sede anual, bianual, quinquenal o lo que sea, de acontecimientos culturales que pongan su nombre, a la manera de Venecia, Salzburgo, París o Florencia, en la vanguardia de la cultura internacional. En lugar de eso, Sevilla sigue resignada a ser una pequeña ciudad onanista y a veces analfabeta, que no llora por las cenizas perdidas de Murillo, pero sí cuando pasa la Virgen; y que emplea el resto del año en discutir sobre si los arreglos florales de la Esperanza Macarena eran mejores o peores que los de la Esperanza de Triana.
Me he acordado de este texto después de leer otro buen artículo de Francisco Márquez Villanueva vía Blogobus.
3 Comentarios »
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Resumido en una pintada que aparece de vez en cuando por San Julián y que, desgraciadamente, he tenido que lanzar hoy a mis alumnos adolescentes a la cara:
“Fútbol y nazarenos, cultura de memos”.
Verdades como puños. Naci en Sevilla hace 31 años y mi ciudad no ha cambiado ni un apice, parece anclada en los años 20. Mientras que ciudades como Jerez o Granada intentan abrirse al mundo con conciertos de figuras internacionales (sobre todo de Heavy Metal) y salones culturales, aqui nos llega la alcaldia y monta un festival de chufla con los artistas de siempre: Bisbalito y demas… ( y que conste que Bisbal me cae de puta madre). ¿Cuanta gente pide prestamos para lucir palmito en la feria durante toda la semana? ¿cuanto “señorito andaluz” no tiene donde caerse muerto y se gasta un dineral en el movil de ultima generacion para lucirlo en el bar mientras invita a los amigotes para darselas de importante? ¿cuantas miles de personas acude a manifestarse cuando a su equipo de futbol le amenazan con bajar se division, y cuando se trata de temas como exigir una vivienda digna o temas mas humanos o importantes prefieren quedarse de tapitas?…. Ciudad de fantasmas
Pienso, que el artículo es buenísimo.-
Yo, como Pérez Reverte soy de Murcia y entiendo su forma de escribir, ya que, muchos murcianos hablamos así
Vivo ya un tiempo en SEvilla, y la forma de escribir se considera irreverente en esta ciudad que se deja llevar muchas veces por la forma vacía, qué vosotros “sevillanos” consideráis formalidad.
Pero la formalidad es otra cosa, al menos para mí, que cumplir con lo que se ha prometido en un momento dado.
Para el sevillano, no es asì, para el sevillano es dar los buenos dias y autocomplacerse de lo buena persona que es ya que el nunca haría esas cosas tan malas que hace el otro, ya que el es maravilloso. El sevillano considera formalidad, el aparentar que una cosa la ha hecho porque el era fantastico, aunque luego no tenga suficiente valor para decirte las cosas a la cara. (en esto se parecen a los extremeños)
Es cierto que mucha gente, no toda, piensa en la feria , la semana santa, la cerveza de la una y media
y que la mentalidad es en algunas cosas, decimonónica, como buena prueba es la cantidad de mujeres florero que existen, superior a la media española.-
Pero ese egoísmo, mira por donde le sale rentable al sevillano, y en esto, los murcianos -entre ellos Pérez Reverte- deberíamos aprender.
Una diferencia, gracias a esa autocomplacencia, es que al sevillano que trabaja se le promociona, en Murcia,si eres bueno te machacan, y si no que le pregunten a Pérez Reverte,lo que lo ha criticado la misma Universidad Murciana, que han llegado a decir de él de todo menos bonito.
Y la segunda está en que al creerse el sevillano que lo suyo es lo mejor, esa idea la vende, el murciano nunca se vende.
Pongamos un ejemplo, con la cerveza, desde que he llegado aqui, Cruzcampo y se acabo. Escierto que lacerveza esbuena, pero para ellos no es que sea buena, es la mejor del mundo .
Preguntale a un murciano cual es la cerveza tipica de Murcia.-No la hay y eso que tenemos una marca registrada - Estrella de Levante-
Lo que quiero decir con esto, esque con ese “catetismo” seconsiguen cosas:
dos exposiciones universales, construccion de parques impresionantes y de monumentos, etc..al fin y al cabo elsevillano, con eso deque siempre han sido pobres al final consiguen las cosas: pataleando y con la convicción de los imbéciles.
Y bueno nada mas que decir.