Videoteca

23 de abril de 2006

Hoy me gustaría hablar de mi problema con mis películas.
Resulta que la llegada del DVD me ha dado ahorro de espacio. Donde antes tenía 10 GB ahora tengo 70 en en el mismo espacio físico. Y digo espacio físico porque mis películas ya empiezan a ocupar lugar en mi pequeña habitación de estudiante. Y mi colección va superando las 300 películas (y eso que sólo guardo las que me han ido gustando).
Antes usaba carpetas clasificadoras de CDs, pero se me quedó pequeño. Además, el hecho de que los DVDs sean tan jodidamente frágiles hacen que este tipo de carpetas no sean recomendables: El DVD no puede rozar con ninguna superficie. Siempre, siempre, acaba rayándose. Da igual que tengas cuidado. Al cabo de un año o dos, habrá DVDs que tendrás que tirar, y películas que habrás perdido.

Mi solución a esto ha sido bastante bestia. Mis nuevos DVDs con contenido cinematográfico los grabo por duplicado. Y una de las copias se guarda en caja fuerte. Cuando alguien tiene mucho de algo, siempre hay otros que piden prestado. Y normalmente la gente trata los soportes ópticos sin ningún cuidado. Los tocan, los dejan encima de cualquier sitio, los arrastran…
La cuestión es que tengo una copia de mis películas (aún no de todas) por duplicado, una para usarla y gastarla, y otra para guardarla. Algunos pensarán que es una burrada, pero la segunda opción era almacenarlas directamente en discos duros, pero es más caro y por ahora no puedo permitírmelo.
Por supuesto, los DVDs no tienen los nombres de las películas en la superficie, sino un número. Luego el número es una entrada en mi base de datos de películas y series que tengo creada con Ant Movie Catalog. Así, evito que alguien que quiera elegir una película tenga que manipular el soporte.

Los buenos

22 de febrero de 2006

“Debemos matarlos, debemos incinerarlos, cerdo tras cerdo, vaca tras vaca, aldea tras aldea, ejército tras ejército, y me llaman asesino, ¿cómo hay que llamarlo, cuando los asesinos acusan a los asesinos? Mienten, mienten y tenemos que ser misericordiosos con los que mienten. A esos peces gordos, les odio, ¡cómo les odio!”

Coronel Kurtz (Marlon Brando) en Apocalypse Now

Primer

23 de enero de 2006

primerHace algún tiempo pensé en hacerme una lista de películas que debía volver a ver. En ella, habría dos tipos de películas: Las que me gustaron y me gustaría volver a ver, pero sobre todo, aquéllas que he visto y no he entendido. Como es de esperar, entre éstas últimas no habría faltado Primer.
He pensado mucho en Primer desde que la vi. No voy a hablar de si es una buena película o no, porque seguro que, diga lo que diga, aparecerá algún troll que tirará por los suelos todo lo que haya escrito, y no es ésta la cuestión que quiero tratar.
Además de pensar en ella, he buscado información. Sabía que, al igual que se puede encontrar por la red la explicación de 2001, habría alguien que hablara sobre ésta. Esta vez no he encontrado ningún flash que me desglose la película por escenas, pero sí un foro dedicado a Primer (en inglés) donde la gente analiza la película escena por escena.
Y es que, a pesar de que la duración del film no es mayor de 1 hora y 20 minutos (quizás porque así puedes verla más veces), hay bastantes cosas que explicar….
primer2Buscando y buscando, me he dado cuenta de que Microsiervos también habló de ella hace ya casi 6 meses, y en un blog llamado ¡Qué cosas! se da una explicación en castellano de la película. Incluso hay alguien al que Primer le calentó tanto la cabeza que decidió hacer un diagrama de las líneas del tiempo (haz click en la imagen si quieres verla más grande), tanto las que salen en la película como las que no.

Para el que no la haya visto:

La acción de “Primer” se sitúa en la periferia de una ciudad cualquiera en la actualidad, un lugar lleno de polígonos industriales e hileras de casas idénticas entre sí. Allí, Abe (David Sullivan) y Aaron (Shane Carruth), dos ingenieros, trabajan durante el día junto con otros compañeros para una gran empresa; en su tiempo libre, hacen experimentos en un gara-je. Mientras ponen a punto su último proyecto, un aparato que re-duce la masa aparente de cualquier objeto bloqueando la fuerza de la gravedad, descubren por casualidad que el aparato en cuestión tiene unas aplicaciones totalmente inesperadas, algo que al pare-cer les permitiría hacer y tener cualquier cosa que desearan. Su primer reto será decidir si deben o no aprovechar esta oportunidad única. El segundo, hacer frente a las consecuencias.

[Vía]: LaButaca.Net

Hay algunos que dicen por el foro que Primer es la mejor película de ciencia-ficción hecha desde 2001. Yo no voy a opinar al respecto, porque aún no entiendo ninguna de las dos. Pero sí se la recomiendo a aquéllos que les guste la ciencia, pues hay bastantes dosis de relatividad espacial-temporal.

Nosotros, Los Suecos.

11 de enero de 2006

Diario de Producción:

Día 1.

-Oye, Miguel, que la cámara no tiene micrófono.

-Ya, ya veo que no está, pero no pasa nada, ¿no?

Día 2.

-Oye, Jose, ¿tú te diste cuenta ayer, de que la cámara no tenía micro?.

-Claro, y te lo dije Miguel.

-Ya, ya, me lo dijiste del mismo modo en que yo también me di cuenta de que no había, pero, ¿por qué no caímos ninguno de los cuatro en que sin el micro, no se capturaba el sonido? ¿Tú no te pispaste de que el diálogo de ayer era vital?.

-Bueno, pero ya no podemos hacer nada, ¿quieres que lo volvamos a grabar hoy?

-Ehn… no, mejor no, creo que podemos coger audio de una peli de Bergman, darle la vuelta, y hacerlo encajar con las bocas, subtitularlo y hacer que parezca algo importante… pero, no me acuerdo de qué dijimos, como estábamos improvisando esa parte del diálogo…

Oye, Jose, una cosa: ¿ tú sabes leer labios?

KING IS KONG

16 de diciembre de 2005

Ahora que por fin tengo algo de tiempo libre entre tanto graben! Corten! Y capturen!, aprovecharé para hablarles desde mi más mutilada y posicionada posición sobre uno de los acontecimientos visuales más logrados que he tenido oportunidad de disfrutar a lo largo y flaco de mi insustancial vida; y que ha producido en mi persona similar conmoción a la que en su época logró esa buddy movie intergaláctica de StarWars.
Si, amigos, me atrevo, sin mucho equivocarme, y temiendo mucho para todos esos puristas puretas, que KING KONG de Peter Jackson es, sin duda ni Munich alguna, la mejor película del año.

Olvídense de películas de vikingos homoeróticas que recuerdan más a un partido de rugby televisado, gracias a los últimos artificios de Sportvision, que a cine épico dramático a lo Nibelungos. Prepárense para un tremendo punto de inflexión en lo que se refiere al cine de entretenimiento, dispóngase a la espera paciente de que Peter Jackson vuelva a ponerse detrás de las cámaras o simplemente, acaricien la idea de Halo produced by

Pero sobre todo, sobre todo, arrodíllense ante KING JACKSONG a quien Spielberg y demás mamelucos postmodernistas abanderados del HD deben coronar como Rey Midas de lo cinematográfico, pues en tan sólo diez años, el gurú neocelandés de los Curas Karatekas, ha conseguido oscurecer la divina luz de ILM.
Y no creo que sea casualidad, pues mientras en ILM se empecinaba en facilitarle el trabajo a sus artistas y convertirse por fin en una fábrica unimultidisciplinar en cadena de imágenes virtuales consagrándose con el desarrollo de Zeno (su nuevo y milagroso software que les está permitiendo según Pablo Helman, perpetrar Indiana Jones IV), los de Weta Workshop se partían el culo a base de avellanas para conseguir su Massive. Y perdonen que venga a comentar esto, pero si King Kong existe hoy en día, es porque existe Weta Workshop, y si Weta Workshop ha llegado hasta ahora, es por ese acierto algorítmico, amén de anillos.
Y por este otro gran acierto de Jackson, entendiendo que su momento había llegado y que su King Kong era ahora o hace nunca.

Un breve inciso para comentar mis suposiciones sobre que muchos de ustedes, tendrán en mente a Jackson como un tío que ha sido vampirizado por el Hollywood que le ha convertido en un moneymaker tirillas, y que toda esta patraña de Jackson babeando porque uno de esos viernes de infancia suicida que tenemos los frikis con cadenas como La Dos, ofrecían King Kong de Cooper y Schoedsack, sea sólo eso, una mentira de marketing para rentabilizar los 207 milloncejos de dollares que han invertido en esto de King Kong. Sin embargo también me temo, como muchos de ustedes, en su mayoría “analfabestias” o en su defecto roleros adictos a las novelas chungas de sword and sorcery, que únicamente son capaces de asociar el nombre de Jackson al de un Hobitt o a unas marionetas pederastas o, peor aún, a los hamburgueseros alienígenas.
En cambio, lo de Jackson es cierto, y en tiempos anteriores a los anillos, ya se sabía de las pretensiones del bastardo por hacer mucho ruido y mucho King Kong, lo cual se deja notar durante todo el metraje.

Sigamos con lo que venía diciendo… Jackson vio la luz (y no la de los californianos precisamente, sino la luz verde) y se puso a cruzar la carretera en dirección a King Kong el día anterior a que le dieran ese Oscar por El Retorno Del Rey (por culpa de la cual, ahora no se lo concederán) y se tiró estos tres años, con su mono. Y este haz de luz, venía de quien encendió la linterna y reflexionó: – Peter, puesto que te has comportado como un perfecto autómata, y nos has dado una cantidad de pasta tremenda sufriendo el dolor mientras nosotros nos limitábamos a firmar cheques, te vamos a devolver el favor en la singular y rara vez concedida “Total autoridad (libertad) en el proceso creativo” – algo así como lo que le sucedió a James Cameron con Titanic, exceptuando que Cameron iba al set de rodaje todos los días cargando con cuatro cajas de almax, mientras rezaba para que no se hundiera también la producción, pues sólo un gilipollas se metería a hacer Titanic sin creer que fuera la película de su vida. Mientras que Jackson, de entrada se vio con una cuenta corriente engordada con 20 millones de dollares para seguidamente ver en su contrato cómo se iba a quedar con un 20% del beneficio que se obtuviera de la recaudación mundial y se dijo: “Coño, pues ahora que han invertido tanta pasta, voy a ponerme a trabajar como un mono, y si tengo que perder treinta kilos y obligarles a que me den cincuenta kilos más para que el mono haga sus necesidades realistamente lo hago, ¿a quién le importa si sale mal?”.
Y que todo esto, sinceramente, por mi parte ya entra más en la especulación “fantabulosa” que en la más estricta veracidad, aunque está claro, que este King Kong, habla en cada gesto, y supera el reto humanista en todos sus aspectos, consiguiendo una serie de cosas que paso a desglosar:

  1. Que unos actores tan variopintos como Adrien Brody, Jack Black, Naomi Watts, Jaime Biell, Andy Serkins o Colin Hanks, logren convertirse en un elenco sólido y que sean capaces de funcionar tanto en conjunto como en separado. Un reparto así, tiene un mérito, sobre todo si tenemos en cuenta que todas esas escenas espectaculares se producen a la sombra de un omnipresente fondo verde.
  2. Construir una de las Nueva Yorks más realistas de la historia del cine de decorados, rodando la película íntegramente en Wellington, Nueva Zelanda.
  3. Rodar un barco y que la cámara se mueva como, oh milagro, si fuera un barco de verdad y nos haga comprender que un barco no es un vacaciones en el mar…
  4. Todos esos paisajes de Skull Island, incluidos sus habitantes, sobre todo esos tiros de cámara bajo la lluvia en que el tío que lleva el garrote va a matar a… y extiende todo el grupo dorsomuscular, y de repente lo para, una imagen digna de premios y elogios.
  5. Que muestre violencia plástica sin concesiones, amparándose en la solidez que proporciona ver luchar al rey de la selva, dosificándola y justificándola tanto que a un servidor, llegaron a saltársele las lágrimas en ese combate del siglo que consigue ridiculizar a cualquier otro plato frío de ensalada de hostias en que se me convierten estos matrix videocliperos.
  6. Joder y mierdas putas a paladas, vean la condenada película.

Aunque, jejeje, y me froto las manos, hay peros. Lo que sucede, es que estos peros, me juego el cuello a que serán compensados en el deuvedé… y sí, a los demás que nos jodan si no han podido meter esas escenas en la película, pero amigos, ya dura tres horas, y por primera vez en tanto tiempo, voy a hacer la vista gorda ante esos momentos anuncio de chanel, o esos planos ralentizados que dan ganas de escupirle en la cara.
Y hablando de otro pero, también les digo que es probable que Peter Jackson no vuelva a hacer una película tan cojonuda como ésta porque, narices, se ha puesto el listón muy alto, o muy bajo, si prefieren ver esto como un juego de linga.

No crean que King Kong es un ser supremo divino elegido y encontrado en una suerte de profecía que devolverá el equilibrio a la fuerza rectal, porque King Kong, es un animal, es un ser que vive en su jungla, donde se limita a ser un colosal mono que vigila desde su beautifull, beautifull zigurat, dominando desde su trono en las alturas hasta que la belleza le corrompe, en un ejemplo supremo de la reencarnación del mito del tema de La Bella Y La Bestia que defenderían estos Jardineros Inmortales de Balló y Pérez, expertos en esa búsqueda detallista en extremo del génesis narrativo anterior a cualquier obra cinematográfica, los mismos que defienden el dualismo del bien y el mal del Mesías en Terminator I y II, quienes serían capaces de venir a explicarles con mayor precisión y cautela todo aquello que ha provocado esta catarsis visual que se da en King Kong.

Tampoco esperen un revolucionario descubrimiento narrativo, porque King Kong, sigue el modo de representación institucional del Hollywood clásico a más no poder, en ese principio, desarrollo y conclusión tan pautados, incluso definidos por los colores (amarillo, verde, gris). Les advierto que si esperan aquí un Memento, un Primer, o un 11:14, o cualquier otro ejercicio de precisión cronométrica, se van a dar de canto con un King Kong cuasi calcado del de 1933. Pero amigos, estén atentos a todos esos diálogos fabulosos, y a esa conclusión, y sobre a lo que es importante en este asunto, el lenguaje no verbal, presten atención especial a cómo habla Kong los gestos, más cerca del docudrama de sobremesa de La Dos que a Pulp Friction.

Me acuerdo alegremente de aquellos tiempos en los que nos regaló aquella fábula de Criaturas Celestiales. Sin embargo, un poco antes, ¿podíamos esperar esta obra de arte del perpetrador de Meet The Feebles? Sí amigos, hablo de obra de arte, como así dijo Riccioto Canudo que debía considerarse al cine, porque sobre todo, KING KONG, es una jodida obra de arte, que estoy seguro que embelesa del mismo modo a los que leen El Código Da Vinci que los que leen Tractatus Logicus Filosoficus, pues admite distintos niveles de comprensión, que está claro, que no es lo mismo que el lector medio de marca lea el Tractatus que el lector medio capaz de comprender el Tractatus lea el Marca. Pero sí está claro, que en King Kong, se encuentra esto que buscamos los que hemos perdido el desencanto por el medio, al menos en el modo en que yo he sido desencantado por el hada malévola del ostracismo repetitivo de salir de una sala expresando únicamente: “Qué ganas de mear que tengo” o “qué saladas estaban las palomitas”.
Atiendan bien, uno como yo, era incapaz de ver una película sin estar cagándose continuamente en la madre de alguien (guionista, director, foquista o cualquier otra persona), pero de nuevo, he recuperado la esperanza, porque pensaba, seriamente, que ya no se podían hacer películas de verdad, que me estoy refiriendo a que cuando un proyecto es tan sólido, un fallo de racord, puede ser obviado, pues el modo en que se están desarrollando las cosas, es tan cojonudo, que no estás expectante a cualquier fallo para poder decir con más razón aún: “Menuda mierda”.

Y no me vengan con que esto no es un Juana De Arco de Dreyer, o un El Séptimo Sello de Bergman o uno de esos excesos neorrealistas como La Grande Bouffe de Ferreri, por decir algo que suene a que yo sé mucho de cine y no sé qué otras decir sobre este MONGNO.

Vean King Kong. Vean King Kong si quieren volver a disfrutar del cine, vean King Kong, si quieren evocar, por ejemplo, aquella magia melancolía que producía el viaje al infinito estelar del Cobi olímpico en ese ejercicio logrado que ya quedaba en la memoria colectiva, o los fuegos artificiales de esa misma ceremonia repetidos diez millones de veces…
Pero sobre todo, vean King Kong, antes de que alguien como yo, se la reviente o cree falsas expectativas, como este exceso que me voy a permitir y del que me imagino que pasado mañana, comenzaré a considerar como otra pollada califragilística de las que me dan últimamente al comparar cosas…
Y en este caso, fue que me dio por pensar en otro de estos viajes al infinito estelar, el de Bowman en 2001, lo que suponían aquellas imágenes para la persistencia retiniana y la manera en que este King Kong lo consigue… Porque luego uno se da cuenta, que tampoco es que en King Kong se mantengan largas charlas filosóficas, pues, al igual que en 2001 eran los silencios los que hablaban, aquí también tenemos un poco de eso, y tengan en cuenta, que yo sería capaz de matar a mi madre si Kubrick me lo ordenara desde el más allá.

Bueno, me despido de ustedes con una cita mecanicista que el otro día me llegó sentidamente:

“A través de la poesía de la máquina, el hombre errabundo va hacia el camino del hombre eléctrico”

Dziga Vertov

a la cuál añado, que gracias a Weta, King Kong nos aparta de este sendero mediante un potente manotazo para sumergirnos en la jungla virgen de un nuevo cine que está por ser redescubierto.