1º.- Dale una tarjeta de débito que en año y medio se estropee tres veces. Y que no sea por llevarla en sitios inadecuadas o utilizarla compulsivamente no, el cliente ya habrá tenido tarjetas anteriormente y nunca le ha pasado esto. Peor bueno, seguro que el cliente no se queda con cara de tonto cuando ha de devolver la compra en una tienda porque llevará otras tarjetas y sino, que firme un pagaré que todos los comercios los aceptan.
2º- Pon a su disposición una banca electrónica deficiente, con una importante desactualización de la información reflejada. Y que esta información sea incompleta, que el cliente no pueda identificar de dónde le han sido cargados esos 21,40 euros ni a través de la banca electrónica ni a través de la información en los cajeros, que se desplace a la oficina o espere a que le lleguen las cartas para enterarse. ¿Qué prisa puede tener el cliente? ¿Acaso le urge saber quien saca dinero de su cuenta? Que coma rabitos de pasas.
3º- Para acceder a la banca electrónica, hazle cinco preguntas de seguridad, dile que introduzca su fecha de nacimiento en formato ddmmaa por duplicado y cuando la introduzca para acceder le dices que es incorrecta, que se entere bien de cuando nació, que le pregunte a su madre si no se acuerda. Y bloquéale la cuenta al segundo fallo sin previo aviso, obligándolo a ir a la oficina para desbloquearla. ¿Culpa nuestra? Si el cliente es gilipollas y no sabe cuando ha nacido no es culpa nuestra.
4º- Cuando se le estropee la tarjeta las dos primeras veces reemplázasela en la oficina si mayor problema pero a la tercera dile desde la oficina que ha de llamar a un 902. Cuando llame a ese 902 pídele DNI, número de tarjeta, fecha de nacimiento, dos números de teléfono de contacto, hazle responder correctamente a las cinco preguntas de seguridad de la banca electrónica y cuando te diga que en ese preciso instante no dispone de los 20 dígitos del número de cuenta, dile que vaya a la oficina y que con presentar el DNI le mandan un duplicado sin problemas. Total, seguro que el cliente ya ni se acuerda que acaba de volver de la oficina y le han dicho que tiene que hacerlo por teléfono.
La semana pasada me inscribí en un sorteo para optar a una VPO de nueva construcción en Sevilla. Leyendo las condiciones veo que el límite de ingresos anuales para los solicitantes es 6 veces el SMI. Si éste es de 7.988,40 euros anuales o, lo que es lo mismo, 665,70 euros mensuales, significa que una persona que tenga unos ingresos de 665,70×6= 3.994,20 euros mensuales puede optar a una vivienda de precio tasado. No voy a ser yo quien diga que unos tenemos más derecho a la vivienda que otros, pero creo que con cuatro mil pavos al mes se puede pagar una hipoteca, y dos, y tres sin pasar apuros para llegar a fin de mes ¿Soy el único al que ese límite le parece bastante excesivo?
- Se me está durmiendo la mano ¿eso es normal? – pregunté con un tono un tanto miedica.
Es la primera vez que me han dado puntos lo cual es raro porque de pequeño era el primero de mis amigos en subirme al árbol, el que más rápido sabía saltarse la tapia del colegio, el que más aguantaba sin correr tras tirarle piedras al perro de la vieja bruja, de los más golfos y atrevidos, pero nunca me han dado puntos, hasta ayer. Cortando lechuga en mi cocina, podía haber dicho jamón cinco jotas pero no, era lechuga, me di un tajo bastante feo en el dedo anular de la mano izquierda. Me estaban atendiendo en el centro de salud, estaba tumbado en la camilla, no quería mirar porque ya me había desmayado en mi casa de ver tanta sangre (Gosku ha sido testigo de alguno de mis síncopes), sentí varios pinchazos en el dedo que me dolieron bastante, yo creía que eran ya los puntos…
- Se me está durmiendo la mano ¿eso es normal? – pregunté con un tono un tanto miedica.
- ¿Se te está durmiendo la mano? – preguntó la funcionaria en un tono del que no supe distinguir el sarcasmo del alarmismo.
- Sí – respondí acojonado.
- Es lo que suele pasar cuando ponemos la anestesia – aclaró mientras ella y mi novia se reían de mí.
- ¡Ah! Vale, es que nunca me habían dado puntos.
Cada día mueren en el mundo 35.000 niños, no exagero, como cuenta Unicef. Cada día mueren en el mundo 25.000 personas de hambre. Sed, guerras, atentados terroristas, tráfico de personas, violaciones, esclavitud, proxenetismo. Y podríamos seguir esta triste lista hasta llegar a los, de momento, 31 estudiantes asesinados en Virginia y que hoy ocupan casi todas las portadas de periódicos. No es que no me den pena, y deseo que ojalá no hubiera ocurrido, pero al menos ellos no han muerto de hambre, no han muerto de sed, no han muerto enfermos, vieron a sus familias en navidad, van a ser honrados y enterrados, van a ser recordados. No como las decenas de muertos “anónimos” que a diario no llenan con grandes y morbosas fotos las portadas de los diarios. Espero con esto, al menos, haceros reflexionar.
Escribo tan sólo para comentar el éxito del taller de bicis de hoy. Cuando llegué, a las 12:10, puntualidad sevillana, ya había varias personas esperando un mecánico y ese debía ser yo Pero luego llegó Juan, un mecánico de verdad, controla mucho de bicis, y no un chapuzillas como yo. Desde aquí le quiero mandar un saludo muy fuerte y mi más sincero agradecimiento. El tío traía un montón de herramientas profesionales y entre ambos hemos podido meterle mano a más de 20 bicicletas que fueron llegando escalonadamente a lo largo de la mañana. El taller se alargó un poco más de lo previsto, hasta las 15 prácticamente. Pero nos lo hemos pasado muy bien, la gente ha sido muy comprensiva y hasta pedían la vez al llegar a la plaza del Pumarejo. Todos los problemillas no los hemos podido arreglar por falta de herramientas como por ejemplo: una chica trajo una bici en la que la tija del sillín estaba tan fuertemente apretada que era imposible bajarlo pero tampoco podíamos aflojar el cierre porque el tornillo, de cabeza redonda, giraba al tratar de girar la tuerca y nos fue imposible; hubiera hecho falta o unas tenazas específicas o una sierra radial; lo sentimos mucho por ella. Pero en el taller se han cambiado cámaras, arreglado pinchazos, lubricado cadenas y rodamientos, ajustado desviadores (ha sido el problema más común), cambiado pastillas de freno (gracias al que nos invitó a cervezas), tensado de mandos, etcétera. Creo que la gente ha recibido muy bien la idea y han colaborado bastante. Padres y madres con sus hijos, abuelos con sus nietos, gente de todo tipo ha venido a poner a punto sus bicis. Todo ello mezclado con el particular buen ambiente que se respira en la plaza del Pumarejo han hecho de la mañana un rato muy divertido, entretenido e instructivo. Nos ha sorprendido que muchos decían que lo habían leído en el diario Qué, aunque yo no sé quién lo ha comunicado. Dentro de dos sábados yo no podré estar en el taller porque si todo sigue su curso me iré de puente pero me encantaría estar. Así que os animo a todos los que no habéis podido ir a que lo intentéis dentro de 14 días.